sábado, 18 de marzo de 2017

HOMBRE, ERES TAN PEQUEÑO (repetido)


Hombre, eres tan pequeño
que no comprendes tu propia grandeza.
Cómo?
hoy te detendrás ante el estímulo
de lo difícil?
es que has perdido la resistencia
que te distingue como humano?
Que infamia o audaz mentira es esta
que obstruye tu pensamiento
alma marchita del llanto apagado?.
Qué siglo es éste
que todo se derrumba en silencio?.
Qué fue difícil para ti, hombre pequeño?
lo oscuro de las ciencias,
aquello que estaba sumergido
en el silencio de los secretos?.
Para tí que todo fue hecho a la mano
hoy te detienes y te preguntas "qué soy".
Has olvidado de la existencia de Dios?
Has hecho de la mujer el templo de tus pecados
escondidos en la oscuridad de tus instintos,
Te olvidas que eres juzgado
irremediablemente
por la muerte.
Sigue tu camino pequeño hombre, río grande,
pasa como el tiempo, impetuoso
e insensible a las banalidades.
Sigue siempre echado, cara al sol,
con la dormida canción de tu abandono. Sonríe.
Ah!, inquieto que te debates entre lo incierto,
entre aquello que no tiene génesis,
que no tiene Logos aun cuando tú se lo des
has venido del mar de la nada,
de los océanos de la duda,
como una estrella vagabunda,
como un sueño nunca realizado
como una luz incierta en la noche perdida.
Viviendo como vives,
consentido de grandezas,
sólo ha de surgir el tormento del fuego
como surge el viento que se queda en el alma.
Todos los paisajes del mundo
están encerrados para siempre en tus sentidos,
hombre pequeño,
sin embargo apenas eres un beso en la frente
del sacrificio de la madre,
soldado que mueres sin comprender la vida,
cayendo continuamente en el pozo del enigma,
gemido de humillaciones,
hijo de esperanzas que sueñan el retorno.
No has medido aun tu holocausto
y ya retornas a la reconstrucción,
al agotamiento de las civilizaciones perdidas,
a veces interiorizando profundos sentimientos,
arraigos del firmamento en tus entrañas
con quejidos preguntones de tus alucinamiento,
largo camino el tuyo de corto tiempo,
miserias encontradas en los silencios de la noche,
camino empedrado de traiciones
con sutiles adornos de la hipocresía.
Hombre pequeño, océano profundo,
tus hermanos corren golpeando la piedra
con apagados ecos de voluntad abandonada,
cortan la hiedra que no muere
con el horror de su triste historia.
Hombre pequeño,
escucha como corriendo rauda y ciega
veloz llega la muerte,
corre oscura en su luz negra de presentimientos,
oye el clamor de lamentos y quejidos
ante su paso sereno sobre los genios heridos,
los augures optaron por el silencio
ante el mañana triste y lúgubre, mañana olvido,
que te hizo perder la memoria,
la vida es una rosa, el corazón una cruz.

El camino es un crujir de rieles
de un largo tren de la inocencia.
VÍCTOR HUGO ARÉVALO JORDÁN

miércoles, 15 de marzo de 2017

ME HA TOCADO A DIARIO

Me ha tocado a diario,
Sentarme en el escritorio
en suerte, tocando recuerdos,
ver cruzar la vida
entendiéndola a veces, pocas veces
analizando las pérdidas, a diario
molestando a la muerte con preguntas
sin morir, lo sé, sin saber
como se produce el milagro
lo mejor del tiempo se pierde
sin saber que puerta tocar
y, se pierde tanto espacio,
solo estirando la melancolía
siempre fui medido pero no por mi
supongo que se trata de vivir
por eso te miden a diario

El viaje que emprendemos naciendo
Nadie puede darnos una respuesta
Solo cada uno, en su melancolía
Encuentra su grandeza de ser humano
Somos eternos por esencia
Por eso cuando sales
Deja los recuerdos y los sueños y las penas,
junto con el paraguas, detrás de la puerta
los signos se olvidan si duelen
se olvidan los fríos y los fuegos
solo lleva mi amor contigo,
cuando te vayas, cierra la puerta.
Víctor Hugo Arévalo Jordán

lunes, 8 de noviembre de 2010

Es lento el caminar


Es lento el caminar de las horas
De la tarde a la noche
Donde resuenan tus pasos
Delicados, solo suspiros de pies
Sin perturbar mi letargo
Cansino y caluroso
Y el calor que no ceja

Y la noche que no deja dormir
Ahogada en silencios
Gemidos escondidos y esperanzas
Oscuras como las intenciones
El libro abierto en el suelo
Sin cumplir aun su ciclo,
Los anteojos de carey olvidados,
Mujer, tu sueño con ronquidos de tormentas
Truenos apagados en la distancia
Vientos y mas vientos,
Y yo trato de entenderme en mi lenguaje
Pero las imágenes son más fuertes
más fuertes aun
que mis ansias de dormir,
invento mi lenguaje iluso
para hablar con mis fantasmas
pero estos no me responden
como si yo estuviera cuerdo
y mis palabras son pequeñas lenguas
desde tiempos inmemorables
que llenan algunos espacios
cambiando a diario mi vida
como si yo tuviera remedio.

Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días extraños

viernes, 24 de septiembre de 2010

Estos nervios parecen alambres


Estos nervios parecen alambres
De púas clavados en mi piel
Y encima este invierno vegetal
Frío, nubloso, mujer, raíz
Que penetra hasta los huesos
Como bonsái que brota de la piel
Tuya, llena de luces y sombras,
Curvas hechas a mano, por la mano
De Dios, quien sabe con qué
Santas intenciones, esos tejidos
Me sorprenden cada que hay
Luz, entrecortado silencio,
Superficie temblorosa, tejido
De piel, tu piel, estirada al colmo y
Estos nervios parecen alambres
O cuerdas de violines que tocan
A rebato, mientras genero y creo
Idiomas mil, cuando tus penumbras
Insinúan, y solamente eso,
Dobleces de tu piel
Blanca, leche de constelación
Láctea, creo idiomas, soplo
Aliento denso sobre las oscuridades
Sueños perdidos, no me arrepiento
Haber perdido sueños ni el sueño.
Solo me quedan latidos de corazón
Desacompasados, si apenas es
Una sensación de dicha.
Dicha........


Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días Extraños

EN LA CONCAVIDAD


En la concavidad de tu blancura
Hiriente
Con los muslos prietos
Me dejas sin espacio
Para nada
Ni siquiera para jugar
Con las luces
En tus oscuridades,
Solo en la concavidad de tu blancura
Penumbra de sueño
Anhelo o ansia
O sueño desechado.


Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días Extraños

Cómo no extrañar el desorden


COMO NO EXTRAÑAR EL DESORDEN

Como no extrañar el desorden,
Los libros abiertos en el suelo
Amigos y mujeres de ternuras escondidas,
Colillas y quemaduras en los tejidos,
Nosotros hilando el futuro
Como si de nosotros dependiera

Enfurecidos a ratos, enfebrecidos
Destrozando vidas de papel
Quemando injusticias dibujadas al carbón
Y miradas de ternura en tus ojos mujer

Pasado no muerto
Rebeldía no derrotada nunca
Mas prudente y menos iluso
No me callo, y sigo mi caminar por la lluvia
Que no me da el cuero
No importa
Que me muero no importa
Si otra vez
Veo tus ojos llenos de ternura

Pero no creo en los milagros,
Los sentí toda la vida
Pero no los vi, no los vi
No los pude ver
No puedo admitirlos
Porque seria un fracaso.

Siguen los amaneceres de poemas perdidos en la memoria
Pocos sobre el papel
Para que, para que divertir a infelices intelectuales,
Para que confesar mi amor por los inviernos
Los otoños, los veranos...
Las primaveras no mi amigo
Eso lo hacen los educados
Y algunos estúpidos también,
Como contarles los infinitos espacios
Esparcidos en tu piel blanca como la nieve
Y la ternura infinita de tus ojos
Que soy mito, leyenda y sueña
Cuando los veo.

Mañana será otro día me repetirán los irónicos
Pero tu mirar me lo llevare
Siempre
Silbando
A más no poder.

Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días Extraños

Apenas

APENAS

Apenas
Das la sensación
De ser un pájaro
Que perdió su libertad
Apaciblemente.

Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días Extraños

ALGO MAS TRISTE QUE EL RECUERDO


Algo más triste que el recuerdo
Del sol ardiente de las tardes de estío
Sumiso el viento, cansada la tarde,
Sin sueño, ni hierba donde tenderse,
Sin pasto que crece en la humedad

De la tarde del recuerdo,
no hay perfumes de flores
A la vista
Quedaron atrás
En la bolsa de los recuerdos
Y se marchitaron en el olvido
Pero la memoria persistente
Nos obliga a diario a recordar
Un perfume indeleble e inexistente,

Los aleteos de los insectos no se recuerdan,

Si de las aves canoras
Que antes del calor de verano
Escribieron los cantos del otoño,
Y en el otoño se alejaron volando y cantando
Melodías que contaremos en el fuego
Encendido en San Juan
para ahuyentar el frío del invierno
Tan cotidiano este año
Que no recuerdo cuando
Cambiamos de siglo.

Algo más triste que el olvido....


Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días Extraños



sábado, 14 de agosto de 2010

Respuesta

RESPUESTA
             
         
               La no pregunta es una salvación en estos casos.
               Sintiendo no habernos dicho nada,
          más claro,
          más firme,
          acabado,
          repujado en el insomne espacio.
               Sería cambiar tus sentidos ,
                             tu belleza,
                             tu indecisión,
                             tu pasión,
          de quién a quién sin pregunta;
          sin dudar de la duda
          pero dudando de la vida,
          buscando nuestra ubicación
          en el espacio y el tiempo,
          como en el cosmos, pero a oscuras,
          como encerrado en una moneda fría
          apenas de cincuenta centavos.
         
         
               Entonces te marcharías en silencio,
          sin que todo haya acabado,
          quedando el recuerdo solitario,
          encerrado en tu cuerpo que es recuerdo,
          vacilante,
          trémula,
          con un beso que no es beso,
          con una certidumbre de espera.
         
         
               Tus labios con ausencia,
                              angustia,
                              tormento,
          esperando la llegada del cielo negro
          para poder recordar con placer,
          un quizás  de felicidad.
         
         
               Nada más que un recuerdo placentero,
          y ,
          única amante que no está  a mi lado,
          sin mi mismo,
          yo solo con la verdad de las cosas,
          alejado de la falsa realidad ,
          esperando un también,
          un éramos que no somos,
          pacientes,
          indiferentes,
          porque la realidad hace indiferencia.
               Frío,
          muerto
          por haber conquistado la verdad
          enterrado en espacios negros
          del cosmos perdido.


          Víctor Hugo Arévalo Jordán

Serenidad

    Serenidad...
  calma y luz en el cerebro.
                    Las horas en que nacimos no tienen nombre.
                    No se sienten las agujas del reloj que balanceando
  su silencio de tiempo se ven.


Víctor Hugo Arévalo Jordán