lunes, 8 de noviembre de 2010

Es lento el caminar


Es lento el caminar de las horas
De la tarde a la noche
Donde resuenan tus pasos
Delicados, solo suspiros de pies
Sin perturbar mi letargo
Cansino y caluroso
Y el calor que no ceja

Y la noche que no deja dormir
Ahogada en silencios
Gemidos escondidos y esperanzas
Oscuras como las intenciones
El libro abierto en el suelo
Sin cumplir aun su ciclo,
Los anteojos de carey olvidados,
Mujer, tu sueño con ronquidos de tormentas
Truenos apagados en la distancia
Vientos y mas vientos,
Y yo trato de entenderme en mi lenguaje
Pero las imágenes son más fuertes
más fuertes aun
que mis ansias de dormir,
invento mi lenguaje iluso
para hablar con mis fantasmas
pero estos no me responden
como si yo estuviera cuerdo
y mis palabras son pequeñas lenguas
desde tiempos inmemorables
que llenan algunos espacios
cambiando a diario mi vida
como si yo tuviera remedio.

Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días extraños

viernes, 24 de septiembre de 2010

Estos nervios parecen alambres


Estos nervios parecen alambres
De púas clavados en mi piel
Y encima este invierno vegetal
Frío, nubloso, mujer, raíz
Que penetra hasta los huesos
Como bonsái que brota de la piel
Tuya, llena de luces y sombras,
Curvas hechas a mano, por la mano
De Dios, quien sabe con qué
Santas intenciones, esos tejidos
Me sorprenden cada que hay
Luz, entrecortado silencio,
Superficie temblorosa, tejido
De piel, tu piel, estirada al colmo y
Estos nervios parecen alambres
O cuerdas de violines que tocan
A rebato, mientras genero y creo
Idiomas mil, cuando tus penumbras
Insinúan, y solamente eso,
Dobleces de tu piel
Blanca, leche de constelación
Láctea, creo idiomas, soplo
Aliento denso sobre las oscuridades
Sueños perdidos, no me arrepiento
Haber perdido sueños ni el sueño.
Solo me quedan latidos de corazón
Desacompasados, si apenas es
Una sensación de dicha.
Dicha........


Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días Extraños

EN LA CONCAVIDAD


En la concavidad de tu blancura
Hiriente
Con los muslos prietos
Me dejas sin espacio
Para nada
Ni siquiera para jugar
Con las luces
En tus oscuridades,
Solo en la concavidad de tu blancura
Penumbra de sueño
Anhelo o ansia
O sueño desechado.


Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días Extraños

Cómo no extrañar el desorden


COMO NO EXTRAÑAR EL DESORDEN

Como no extrañar el desorden,
Los libros abiertos en el suelo
Amigos y mujeres de ternuras escondidas,
Colillas y quemaduras en los tejidos,
Nosotros hilando el futuro
Como si de nosotros dependiera

Enfurecidos a ratos, enfebrecidos
Destrozando vidas de papel
Quemando injusticias dibujadas al carbón
Y miradas de ternura en tus ojos mujer

Pasado no muerto
Rebeldía no derrotada nunca
Mas prudente y menos iluso
No me callo, y sigo mi caminar por la lluvia
Que no me da el cuero
No importa
Que me muero no importa
Si otra vez
Veo tus ojos llenos de ternura

Pero no creo en los milagros,
Los sentí toda la vida
Pero no los vi, no los vi
No los pude ver
No puedo admitirlos
Porque seria un fracaso.

Siguen los amaneceres de poemas perdidos en la memoria
Pocos sobre el papel
Para que, para que divertir a infelices intelectuales,
Para que confesar mi amor por los inviernos
Los otoños, los veranos...
Las primaveras no mi amigo
Eso lo hacen los educados
Y algunos estúpidos también,
Como contarles los infinitos espacios
Esparcidos en tu piel blanca como la nieve
Y la ternura infinita de tus ojos
Que soy mito, leyenda y sueña
Cuando los veo.

Mañana será otro día me repetirán los irónicos
Pero tu mirar me lo llevare
Siempre
Silbando
A más no poder.

Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días Extraños

Apenas

APENAS

Apenas
Das la sensación
De ser un pájaro
Que perdió su libertad
Apaciblemente.

Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días Extraños

ALGO MAS TRISTE QUE EL RECUERDO


Algo más triste que el recuerdo
Del sol ardiente de las tardes de estío
Sumiso el viento, cansada la tarde,
Sin sueño, ni hierba donde tenderse,
Sin pasto que crece en la humedad

De la tarde del recuerdo,
no hay perfumes de flores
A la vista
Quedaron atrás
En la bolsa de los recuerdos
Y se marchitaron en el olvido
Pero la memoria persistente
Nos obliga a diario a recordar
Un perfume indeleble e inexistente,

Los aleteos de los insectos no se recuerdan,

Si de las aves canoras
Que antes del calor de verano
Escribieron los cantos del otoño,
Y en el otoño se alejaron volando y cantando
Melodías que contaremos en el fuego
Encendido en San Juan
para ahuyentar el frío del invierno
Tan cotidiano este año
Que no recuerdo cuando
Cambiamos de siglo.

Algo más triste que el olvido....


Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Días Extraños



sábado, 14 de agosto de 2010

Respuesta

RESPUESTA
             
         
               La no pregunta es una salvación en estos casos.
               Sintiendo no habernos dicho nada,
          más claro,
          más firme,
          acabado,
          repujado en el insomne espacio.
               Sería cambiar tus sentidos ,
                             tu belleza,
                             tu indecisión,
                             tu pasión,
          de quién a quién sin pregunta;
          sin dudar de la duda
          pero dudando de la vida,
          buscando nuestra ubicación
          en el espacio y el tiempo,
          como en el cosmos, pero a oscuras,
          como encerrado en una moneda fría
          apenas de cincuenta centavos.
         
         
               Entonces te marcharías en silencio,
          sin que todo haya acabado,
          quedando el recuerdo solitario,
          encerrado en tu cuerpo que es recuerdo,
          vacilante,
          trémula,
          con un beso que no es beso,
          con una certidumbre de espera.
         
         
               Tus labios con ausencia,
                              angustia,
                              tormento,
          esperando la llegada del cielo negro
          para poder recordar con placer,
          un quizás  de felicidad.
         
         
               Nada más que un recuerdo placentero,
          y ,
          única amante que no está  a mi lado,
          sin mi mismo,
          yo solo con la verdad de las cosas,
          alejado de la falsa realidad ,
          esperando un también,
          un éramos que no somos,
          pacientes,
          indiferentes,
          porque la realidad hace indiferencia.
               Frío,
          muerto
          por haber conquistado la verdad
          enterrado en espacios negros
          del cosmos perdido.


          Víctor Hugo Arévalo Jordán

Serenidad

    Serenidad...
  calma y luz en el cerebro.
                    Las horas en que nacimos no tienen nombre.
                    No se sienten las agujas del reloj que balanceando
  su silencio de tiempo se ven.


Víctor Hugo Arévalo Jordán

martes, 10 de agosto de 2010

La Paz, Ciudad

LA PAZ, CIUDAD.

         
         
               Y las  calles de la ciudad
          empinadas, hacia abajo,
          hacia el centro.
               Sobre un monstruo quieto,
           de agua, de cal, de ceniza.
                                                                 De recuerdos españoles,
                                                                 sumergidos en el verano
                                                                 con olor a sol, a tierra, a soledad.
          
         
               Y el cerco de montañas, hijas del Illimani(1),
          nieves eternas, luces claras.
               Un cielo volcado
          en el hondo misterio de la ciudad.
         
          
               La noche que progresa,
          las cosas que crecen, que se empinan...
         
         
               Los cóndores, las cantinas, los faroles,
          quietos, inmóviles  con el collar blanco, de plumas,
                                                    de luz,
          de algo que parece un sueño y es vida.
         
         
               Recuerdo de la sangre de los Incas,
          en los músculos de Pachamama, allí  (2)
          por los tiempos remotos, míticos.
         
         
          La ciudad...
          Las risas de las juventudes, de mi juventud,
                                            del deseo
                                             de las alturas,
                                             a los cielos,
                                             a las estrellas,
          los por qué sin sombras de los  árboles con sombras,
          las noches en las ventanas cerradas,
          los enamorados y el farol.
          
         
               Ventana al décimo piso,
          donde se juntan el vértigo con las estrellas
          y el frío despertar de los montes
          con el dulce sueño que vuela, del progreso...
          las piedras y las nubes
          callando su silencio están. La Paz.
            
         
               La ciudad...
         
         
               Y ésta ciudad, donde los vientos revuelcan
          abriendo heridas en la historia,
          dejando recuerdos
          en las noches, en los grandes días.
          en los días y la juventud,
          en el otoño que reposa.
         
         
               Y su espejo claro, la luna,
          su Virgen Morena
          que mira los fondos míticos, prehistóricos,
          del indio que danza su silencio.
             
         
               Las danzas...
         
         
               Se arremolinan los rostros,
          surgen de nuevo las notas de la quena,
          de la triste quena que llora,
         
         
               Juventud de linaje americano
          quemando con gesto heroico,
          sombra sin signos.
         
         
               El frío y el deseo,
          el viento y el acecho
          la noche y la trampa
          sin locura, sin suerte. Apacible,
          los signos...
         
         
               Y esta ciudad, fuera del tiempo,
          con dedos de tormenta, uñas de cactus,
          anillos de antawara, Tiempo
                               Noche
                               Fuego.
               Carbones de recuerdos,
          socavones de pasión
          con el peso de alas condóricas,
          júbilo y tristeza.
         
         
               Rien las estrellas en las calles ,
          en las noches de silencio, de luz enfarolada.
         
         
               La Paz...
               Y esta ciudad fuera del tiempo....
         
          

                Víctor Hugo Arévalo Jordán
          -----------------------------------------------------------
         
          (1) Illimani, Pico de los Andes, nevados a 6400 m.
  de altura.
          (2)Pachamama. Madre tierra. Diosa.
          (3)Antawara. Fenómeno de las nubes de color al poniente.




Imagen: foto de eviajando

domingo, 8 de agosto de 2010

EL AUGUSTO HOMBRE ESCUCHA.


EL AUGUSTO HOMBRE ESCUCHA.

El Augusto Hombre escucha
las palabras
del profeta de la Sabiduría,
su cuerpo escucha,
su espíritu escucha el clamor
de las profecías encerradas,
sus ojos se estremecen,
ambula por el tiempo, pregunta:


Pregunto al brillante pájaro zumbador...


Oigo como responden las rocas...
escucho el murmullo de la fuente azul,
         la Eterna...
         la de lucientes aguas verdes,
de fondo azul arriba,
de fondo negro abajo;
la que lleva los peces de oro
navegando en el vacío cósmico
al compás del canto
de aves canoras.


Ambulo por el espacio,
el dolor llena mi vaso
porque rebelde nací.


Memorizo recuerdo de príncipes
que se rompieron en la batalla
cual fichas de ajedrez,
vasos de barro.


Todo es barro cocido.
Todo es loza rompible;
ojos mutables que me ven...


Llegaré a adentrarme con los príncipes,
allá,
en la región donde todos van?.
Puedo saberlo acaso?.
Por mucho que me esfuerce
llegaré a conversar con ellos?


Sus paisajes son los míos,
sus contornos y los árboles y sus albas
tejidas en la retina y su mirada y
su respiración, sus amuletos, su asombro
son míos,
pero por mucho que me esfuerce,
llegaré a conversar con ellos?. 


Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Los Augures

martes, 27 de julio de 2010

No fue más


NO FUE MAS.

No fue más,
ni el más leve recuerdo,
ni el más leve rastro del recuerdo,
ni el más leve rastro de la primera respiración
ni el leve rastro del primer silencio,
                del primer intento,
de la carne que no fue carne,
ni de las albas soledades
en las distancias ignotas del tiempo.



Ni negra noche dudona
alba que presagia tormenta y luna,
estrellas nubladas
derraman brillos taumatúrgicos,
desparraman criselenfatinos haces
        de espinas doradas,
        de espinas calladas.


No quedaron nostalgias
en tramontes con lloviznas
de ocasos perdidos,


nadie cargó las penumbras
del pensar agitado y convulsivo
de esperanzas frustradas en el tiempo.
              De sueños formados en el viento.


Es el recuerdo destruído de la sombra
de los pensamientos falaces que huyen
donde el olvido bebía el primer acíbar
amargo y áspero de la primera voz.

No se puede ver bien la vida,
no se puede ver mejor mi barca de ilusiones,
mis ojos son soles dormidos,
pero los dioses destruyeron mi primer pueblo
los incendios destruyeron mis primeras ansias.


Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Los Augures

De la noche ha saltado


DE LA NOCHE HA SALTADO.

De la noche ha saltado el silencio noctumbal,
y alguien dijo que agarraría las flores del tiempo;
alguien acurrucado en los más profundo del espíritu,
donde solo las sombras se achican hasta ser nada,
                                        hasta ser silencio.


Negra noche dudona
alba que presagia tormenta y luna,
estrellas nubladas
derraman brillos taumatúrgicos,
desparraman criselenfatinos haces
        de espinas doradas,
        de espinas calladas,


diluyen líquidos cetríneos ígneos,
llueven luces muertas en el lecho azul,
oscilan crepúsculos ignorados
de melodías ignotas;
tiran contra el oscuro
de los muertos del Futuro...


Los muertos desnudos se cubren la carne,
de costra con espaldas de luz, en el pecho luz,
cuerpo bañado de luminosidades;
todo surgido en ondas concéntricas
en el eterno mar tranquilo.


Alguien dijo que agarraría las flores del Tiempo
que se agitan y emergen como suaves barquillos
en el espacio azul,
danzando las flores vestidas de tul.


Por la Luz vino la Noche,
y
cuando retumbó con fuerza el aborto de la duda,
cuando nacieron nuevos sonidos en caracol sólido,
cuando las alas eran huidizas del cuerpo central,
y el sonido se transformó triste en la noche
de la buena voluntad;


entonces volvió la voz de la negrura,
y
alguien dijo:


"Día Primero Será".

Víctor Hugo Arévalo Jordán
obra: Los Augures

lunes, 19 de julio de 2010

Invocados fueron



INVOCADOS FUERON.

En aquél tiempo fueron invocados
los nombres elegidos
en el ateneo de las cualidades:
invocados fueron:


El Director Supremo de la Obra,
el Artífice del fuego
(y el ladrón del fuego divino).


Invocados fueron:
La Reconstructora de los escombros;
El Creador de lo Rojo y de lo Amarillo.


El protector de lo creado,
El destructor Danzarín,


El Maestro de la fertilidad,
El Maestro que lleva la Inteligencia,
El que juega con el Tiempo
El que hacìa temblar lo creado
en la guerra.


Invocado fue, oh incomparable esplendor,
el obrero natural del Universo.


Reuniéronse los Nombres del Universo.
en los tiempos de la Eternidad,
porque cada uno era eterno de naturaleza.


Y cada uno contempló que su obra era buena,
y señalaron los antecedentes
del que llevaría los muslos desnudos,


fueron justicieros de las horas sin nombre,
las horas oblícuas
sin manecillas.


Forjaron sus músculos los Nombres Invocados
y esculpieron la energía,
materia de la materia.


Materia y Energía
fueron la carne y el alma del Universo físico,
Ay! Universo palpable e ilusorio. Misterio.


Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Los Augures

Crecieron las auras melodías


CRECIERON LAS AURAS MELODIAS.

Crecieron las auras melodías
del arpegio espacial
bailando las sombras irónicas
en el santuario
del caracol
formado en las Epocas Remotas.

Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra: Los Augures

jueves, 8 de julio de 2010

Fueron entonces los átomos


FUERON ENTONCES LOS ATOMOS.

Fueron entonces los átomos-abejorros
esparcidos en los caminos desiertos
de la Gran Noche
los que volaron infinitos
y no tenían horizontes.



Se esparcieron los abejorros volantes
en la inmensidad de la tinta noche.
Ananás y Anionitos.

Nacieron las nuevas sombras,
compañeras inexorables de la Luz
y se creó el estabilizador Inteligente
creciendo la imaginación de dos dimensiones
y
regida estaba la tercera energía del Universo.


Víctor Hugo Arévalo Jordán
Obra Los Augures